Salida escolar a Subachoque

Actualizado: 4 de sep de 2018



En la ruta estábamos ansiosos pensando en lo que íbamos a encontrar en el lugar que el Nodo de Eventos propuso para ir a la Salida Escolar. Mirando las caritas de todos los niños y respondiendo a miles de preguntas: ¿y si no hay baños?, ¿qué vamos a hacer allá?, ¿qué vamos a comer?, ¿almorzamos allá?, ¿cuántos niños vamos?, ¿y qué van a hacer los niños que se quedan en el colegio?... Pero ellos siempre subían a las rutas contentos, cantando, con risas y alboroto.

Se daban las indicaciones de rigor, ¡Pórtense bien!, ¡No van a arrojar basura en el lugar! ¡Manténganse unidos!, ¡Ojo el vocabulario!, ¡Allá hay baños!, ¡No se separen!

El trayecto fue bullicioso pero respetuoso. Todos estábamos a la expectativa. Llegamos a una carretera donde las rutas se bamboleaban y los niños reían y hablaban sin cesar.

Uno de los profesores señaló el lugar a donde íbamos. Una casa hermosa y varias personas esperándonos para darnos la bienvenida. Descendimos de las rutas y nos esperaban con unos emparedados deliciosos, además de jugo, mandarina y una chocolatina. Después, al baño. Se nos indicó que debíamos dejar las maletas en ciertos lugares. El día estaba gris y una pequeña llovizna nos informaba que el tiempo podía empeorar. Comenzamos el recorrido. Angélica, nuestra guía nos iba explicando acerca del cuidado de los conejos, los patos, la huerta y un invernadero. Cuando terminamos estas explicaciones, la guía nos dijo que íbamos a comenzar la caminata. Supimos por qué no debíamos llevar las maletas. Teníamos que tener completamente libres nuestras manos. Entonces nos internamos en un bosque frío, húmedo y el camino así tuviera un tapete de hojas estaba resbaloso. Recibíamos explicaciones sobre las hojas y de las plantas que nos circundaban. De un momento a otro el terreno estaba aún más inclinado. Los niños subían ágilmente, mientras que yo iba observando las raíces y los troncos de los que pudiera asirme. El terreno se convirtió en una "pared". Pablo Ortiz y Tomás Betancur se quedaron rezagados del grupo para ayudarme.

-¡Pili cógete de esta raíz!, ¡pon el pie aquí!, ¡descansa¡!, ¡dame la mano!...

-Tu puedes, mira ya vamos llegando...

Todos gritaban desde arriba: - ¿dónde está Pili? ¡Ayúdenla! ¿Será que le toca devolverse?

No podía devolverme. Debía seguir adelante y con la ayuda de todos llegamos hasta nuestra meta. Atravesamos dos cuevas. ¿Y luego? ¡ay, Dios! la bajada. A rodar se dijo. A pesar de lo gracioso que se veía el panorama de verme bajar...resbalándome por el barro, los niños solo me daban la mano para seguir y no rendirme. Llegamos a una semicuasipradera, todavía inclinada pero en la que ya me podía parar. ¿El pantalón? Bueno... Hay agua y jabón. Todos me esperaban abajo y con aplausos y bombos dijeron:

¡PILI SOBREVIVIÓ!

Estos niños y todos en general pasaron por experiencias similares en las que se tenían que ayudar los unos a los otros. Nuestros niños son unos guerreritos, formándose en la ayuda mutua, en el respeto a sí mismo, a los otros y a lo otro. En la labor cumplida. En el amor.

¡Felicitaciones!.

Por Pilar Urrea

Maestra face.

60 vistas