La chiva de la paz en face


La paz es probablemente el tema que más resuena entre las paredes de nuestro querido colegio. Desde hace ya un tiempo lo hemos asumido con persistencia como uno de los centro de gran parte de nuestros proyectos y procesos. Debido a nuestro implacable compromiso con la construcción de la paz, nos hemos hecho correspondientes a experiencias maravillosas que nutren nuestro camino. Una de ellas la vivimos el pasado jueves 26 de julio junto a dos personas que no conocíamos y que hoy podemos llamar amigos: Juan Amarú Rodríguez y Jorge Aristizábal. La buena energía y el ambiente cariñoso no tardaron en presentarse para generar entre todos una agradable conexión.

Todo lo que querían nuestros amigos era exponernos un proyecto que crearon y que llevaron a cabo ellos mismos junto con un grupo de personas de distintas partes de Colombia y del mundo. Querían oír las versiones sobre la violencia en Colombia contadas por las personas que las vivieron en carne propia. Campesinos, ciudadanos, guerrilleros, paramilitares y policías abrieron sus puertas y compartieron con los muchachos que iban a bordo de La Chiva de la Paz recorriendo los lugares más afectados por la guerra. Así llegaron al colegio a compartir con nosotros esos relatos y esas memorias de más de 70 municipios del país, que necesitaban ser escuchadas. Durante un mes y medio, anduvieron ciudades, pueblos, sabanas y montes, pasando por tierras frías y calurosas, para que cada una de aquellas personas tuvieran una voz y hasta un hombro sobre el cual desahogarse. Juan Amarú, Jorge y sus amigos, desde el amor y el compromiso emprendieron esta hermosa y enorme tarea de manera sobresaliente. Nosotros tuvimos la inmensa fortuna de poder conocer su recorrido y su experiencia.

Aún y siendo absolutamente necesario agradecer la grandísima generosidad de Jorge y de Amarú al regalarnos camisetas y manillas, debemos reconocer que lo que nos dejaron ese día fue mucho más que un suvenir. Nos dejaron también la evidencia de lo logrado ese día con algo que podemos llamar el Árbol face de la Paz: el resultado de un magnífico intercambio emocional que se dio a través de todas las edades del colegio. Todos los estudiantes del colegio se vieron involucrados en esta actividad y aún hoy podemos visitar la galería para verlo y recordar lo que sentimos durante ese taller.

Lo más importante que debemos rescatar de ese día es el compromiso que cada uno hizo consigo mismo y con la comunidad. La constancia y la perseverancia serán siempre nuestros mejores aliados para que no dejemos de hacer lo que nos corresponde en esta tarea de todos. Debemos recordar la invitación que nos hicieron Amarú y Jorge ese jueves de seguir construyendo esa paz tan anhelada por todos nosotros desde nuestros propios compromisos. Nos ofrecieron una forma de ver el conflicto que nos permite volver a reconocer la necesidad del diálogo, la tolerancia y la resiliencia para ese gran proyecto que es la paz de nuestro país. Esperemos que llegue el día en que podamos volver a compartir con nuestros amigos para seguir construyendo el camino que queremos caminar y poder vivir en paz.

Por Ricardo Escobar Maestro face.



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